La figura de “Homicidio” no bastó y este otrora máximo crimen, sin atenuantes ni apelativo alguno pasará tal vez a ser un sucedáneo de segunda categoría en la nueva jerarquía de la muerte que elaborará nuestro sistema judicial por demanda del Ejecutivo, a ratificar por el Legislativo.
Cuidado con eso.
Cuidado con caer – una vez más y hasta en ese triste confín – en otro mamarracho de “discriminación positiva” salido del grito de la tribuna y que para empezar – entre otras incongruencias jurídicas - acabaría en este país con el principio de igualdad de los sexos ante la ley. Si vamos a aventurarnos a señalar el crimen de género como figura – ya ni siquiera como agravante – superponiéndolo al del “Homicidio” en haras de la coherencia jurídica también espero por las figuras de “adolescenticidio”, “homicidio, pero de hombre divorciado”, “homicidio de hombre pero por mujer” o “feminicidio en ámbito lésbico” además de todas las otrasque contemplen cada situación específica para ser juzgada con igual dureza.
¿Suena ridículo? Si, lo es.
¿Será este un instrumento jurídico útil para la eliminación de la
violencia de género? No. Ni por su sentido instrumental ni por aquello
de que la justicia debe ser siempre ejemplar, pero nunca ejemplarizante.
Eso último es para otro lado: la sociedad solo puede masticar sus males
en casa, en el trabajo, en la escuela y en el liceo. No en los
tribunales porque allí no se enseña ni se evita; se juzga.
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